Baco

Te llamo y te busco desde el aliento de Dionisio. Tu cuerpo quiero probar, lamerlo todo, llegar a tu verga y devorarla. Meterla en mi boca y sentir que me ahoga pero que también me hace sentir abierta para que me cojas con tu dedo.

Quiero besarte el cuerpo, ser tuya otra vez, sentir tu piel en mi piel y perderme en el infinito del placer.

Quiero ser tu puta una vez más sin pensar si habrá una siguiente vez.

El aliento de Baco, Dionisio, entre tu y yo, dejándonos ser libres, sin pudor, imaginándome que te permito violarme, que tomes mi cuerpo y me hagas tuya una vez más, me encanta ser tu puta, no soy la puta de nadie más, esos otros no significan nada, son sólo una distracción sin sentido, sólo soy tu puta.

Gimo sin fingir, grito sin fingir, te pido mas sin fingir, que me lo metas, que me cojas bien rico, no dejarte escapar.

Quiero mamártela delicioso, me gusta tenerlo en mi boca, hacerte sentir placer, verte a la cara y saber que te gusta porque me excita verte así.

Baco me hace hablar con sinceridad y sin pudor.

Cógeme, soy tuya.   

Crónica de una masturbación

Metida en mi cama, me quito la camiseta con la que duermo y me quedo en calzones, sintiendo la suavidad de las sábanas tocando mi cuerpo.

Me gusta sentir mis muslos, poner mis manos entre ellos cuando me acuesto de ladito en las noches para dormir y percibir su firmeza.

Acariciar mis senos, verter crema en mis manos y masajearlos pellizcando mis pezones, comenzar a sentir el calor que sube en mi vagina y como empieza a latir mi clítoris. Deslizar mis manos por mis costados para llegar a mi cintura y pasar por mi estómago y mi pelvis, comenzar a tocarme por sobre mis calzones, sentir como mi clítoris se erecta con mis suaves caricias y mis piernas se abren y se mueven.

Vierto más crema en mis manos, me encanta acariciar mis senos, dejar recorrer a una de mis manos por mi cuello mientras la otra sigue deslizándose por mis senos, jalando suavemente mis pezones.

Mis manos bajan por mis costados para llegar a mi cintura, se cuelan por debajo de mi calzón, mis piernas se encojen levantando las rodillas y separándose más, siento mi clítoris mojado, me siento abierta, mis dedos recorren mi clítoris, esparcen la humedad por él mientras una de mis manos sube una vez más a mis senos.

Mi dedo quiere entrar en mi vagina. Lo meto, siento húmedo, caliente, apretadito. Un dedo no es suficiente, lo acompaña otro y aunque es difícil que penetren los dos lo hago. Mi otra mano se une al centro, unos dedos entran y salen y otros dedos recorren de arriba abajo mi clítoris, a los lados de éste, sobre él, dibujando círculos, presionándolo un poco, sintiendo cómo se endurece y se erecta.

Comienzo a sentir que llega un orgasmo. No quiero aún, saco mis dedos, dejo de recorrer mi clítoris llevando mis manos por mi cintura, cerrando mis piernas. Quiero probar los dedos que entraron en mí. Mojan mis labios entreabiertos, los siento con mis dedos, mi lengua quiere probarlos ya y los toca, pero todavía no los meto en mi boca, siento mi respiración agitada, mis dedos siguen recorriendo mis labios y mi lengua los siente pasar. Abro mi boca y los meto, mi lengua hace círculos alrededor ellos, los envuelve, los succiona, quieren salir pero no los dejo del todo, nuevamente los vuelvo a succionar, se escapan, acarician mis labios y los rodean, los vuelvo a meter a mi boca y mi lengua los abraza. Delicioso sabor a excitación.

Mis manos acarician mi cuello, no se separan mi cuerpo, siento mi piel suave, bajan hacia mis senos, acaricio mis costados, mi cintura, mi cadera, se cuelan por debajo de mi calzón.

Recorro mi clítoris, se siente suave pero está firme, está erecto, mis dedos siguen esparciendo la humedad, me es imposible prolongar el orgasmo, así que separo más mis piernas, meto mis dedos que son abrazados por mi vagina que se siente hinchada, los saco, los meto, los saco, me imagino que eres tú dándome duro como me gusta, entran y salen, rápido, salvaje, mis otros dedos se mueven con más rapidez y violencia por mi clítoris, no puedo evitar gemir, pedir más, entran y salen, se mueven por mi clítoris, mis piernas se abren y se cierran, mis pezones están erectos, mis costillas se expanden y mi abdomen se contrae, no puedo dejar de gemir, más rápido, más duro, cógeme como a tu puta, me encanta ser tu puta, dame más, me coges delicioso, entran, salen, acarician con violencia y acompañado de un grito de placer llega un delicioso orgasmo, pero no me detengo, me sigo cogiendo con mis dedos y acariciando hasta que comienzo a sentir como todo mi calor se concentra en mi centro una vez más y llegan más gemidos, que acompañan a un nuevo orgasmo.

Esta vez me detengo, mi respiración está agitada, mis manos recorren mis piernas, mi cintura, mis senos, mi cuello. Mi corazón que latía con rapidez comienza a recuperar su ritmo. Masturbarse pensando en ti es delicioso.

 

Lo que pasa es que estoy caliente

“¡Andale pinche vieja deja de andar de piruja y trépate al camión!”. La verdad es que ni pinche prisa tenía pero me daba una puuuuta envidia ver a esta cabroncita fajonéandose con su güey, dándose unos pinches besotes y ver a ese par de jijas de las chingada manos deslizarse por todos sus cuerpos, a este pendejo (porque lo es) jalando el cuerpo de mi amiga hacia él y mi amiga levantando su muslo para apretarle la verga, que de seguro la tenía bien dura y yo no quería ni imaginarlo pero no porque me diera asco, sino porque yo no tenía una, pero una de un cabrón para mí, no una que le perteneciera a mi cuerpo. “¡Andale cabrona, vámonos! ¡O ahí te quedas!” No podían estos calientes dejar de estar uno encima del otro. Me encabronaba sentir envidia, me preguntaba dónde me encuentro uno así, pero que no sea como ese güey porque es bastante pendejo, pero quiero uno así.
Me subí al camión, obviamente sin mi amiga porque ni siquiera me había registrado. No iba lleno y me pude sentar. No pude evitar asomarme por la ventana para ver a esos dos que seguían comiéndose y seguí viéndolos hasta que el camión se dio la vuelta y desaparecieron de mi vista.
Sentí un nudo en la garganta y la famosa lagrimita de Remi, y al mismo tiempo me decía no chilles pendeja, y apretaba los dientes y apretaba la lengua hacia el paladar y respiraba y contenía esa pinche lagrimita para no chillar, solo concentrándome en no llorar, llevando los ojos hacia el cielo para no apretar la lágrima y que finalmente se me saliera.
Me decía aguanta pendeja aguanta. ¿No será esta una historia como de película cursi y bajando de este apestoso camión me voy a tropezar con el hombre de mi vida? O a ver, fíjate, ¿para qué esperas tanto, a lo mejor está aquí sentado, viéndote con ojos de te-quiero-comer-mamacita-por-fin-te-he encontrado-el-pinche-destino-me-llevó-a-ti?
Y volteé a ver y no, ni madres, no había ni un solo buen candidato, y peor aún, ni un solo cabrón que se diera cuenta de que yo estaba ahí y me viera de reojo, ni uno solo me pelaba, ninguno que me mirara así para que yo le devolviera la mirada de ni-madres-pendejo-estás-bien-pinche-equivocado.
“¡Basta ya! ¡No más lamentos! ¡Eres una chingona! ¿Y qué pedo si no llega hoy? ¿Qué pedo?” Primero muy valientita me preguntaba eso y de repente se me fue extinguiendo esa valentía y seguí con la misma pregunta pero bajándole de ovarios y de ánimo. “Pues sí, ¿qué pedo si no llega hoy? ¿Ni mañana? ¿Ni nunca?”
¡Vivo en los pinches dos miles! !No seas pendeja! Las mujeres de hoy no necesitamos a un güey, nos hemos independizado de ellos, podemos ir a desayunar-comer-cenar solas, ir al cine solas, ir a la fiesta solas, acariciarnos solas, comprar el dildo (sernos fiel con el dildo) o usar el dedo para sentir el orgasmo.
¡Somos feministas! ¡No los necesitamos! Y el facebook te lo confirma: mujer vales mucho date a valer que te valga madre no vale la pena bien vale andar sola… Soy independiente, soy valiente, me tengo a mí, ¡¡¡soy feminista!!! Y se me dibujaba una sonrisita llena de orgullo por unos segundos.
No es cierto, no soy feminista, nunca lo he sido ni lo quiero ser, quiero un cabrón, (otra vez la lagrimita), no me importa que me expulsen del club de las feministas, sé que la mayoría esconde su frustración por no tener a alguien que las pele, ¿y saben qué, repele-hombres? ¡Siendo del puto club ese menos! Bola de pendejas amargadas, la carne es la carne y vegetarianas no somos.
Llevo todo el pinche camino pensando en los pinches besotes de la pendeja de mi amiga, que aparte de todo me deja sola, aun sabiendo cómo me siento, es una mala amiga (sé que estos pensamientos son hijitos de la puta envidia que me sigue carcomiendo). No puedo enojarme con ella, ¿para que se dé cuenta de que me hierve la sangre de que ella (que está bien pinche fea) tiene novio y yo no?
Paso de la tristeza al ánimo al enojo a la resignación al me lleva la chingada, “no es para tanto”, y mientras tanto el día se me empieza a hacer sombrío y me doy cuenta de que estoy a punto de llegar a mi parada (así quiero sentir la de alguien chingá) y me alisto para bajar. Un rayito de esperanza burlón me dice que igual y sí es la película cursi de mi vida y bajando del camión me tropiezo con ese cabrón que me hará sentir mojadita y dejarme llevar por la ola anti-feminista de la posesión masculina que invade mi cuerpo.

Pienso esto y al mismo tiempo otra vocecita interior me dice ni madres, no te hagas pendeja, eso no va a pasar, ni te hagas ilusiones. Me levanto de mi lugar mientras una vocecita dice está allá abajo (así quiero que estés) y la otra vocecita que me dice ni madres eso no va a pasar (así es como estás) Espero a que el camión se detenga mientras el yin y el yang se debaten en mi cabeza.

Obvio no pasó, nadie con quien me tropezara, es más nadie que se diera cuenta de que me había bajado del estúpido camión, sólo la cabrona de atrás que me empujaba: ¿mucha prisa o qué pedo?

Llego a mi casa, nadie me espera (¡ay ya deja de torturarte con pendejadas!) Llego a mi casa y dejo mi bolsa en la mesa. ¿Qué hago? Nada, ve la tele. No, no me gusta ver la tele, me aburre. Bueno, abre un vino y escucha música. Prepárate aquel ambiente agradable de la nueva moda de amo mi soledad y no necesito a nadie para sentirme bien, me tengo a mí y no necesito a nadie más (puras mamadas, somos tantos tratando de convencernos)

Me siento en una silla frente a la mesa de la cocina, prendo mi iPad y busco en Netflix. Búscate una película chistosa, pero que no se trate de los pendejos de la historia que yo me inventé en el camión. Nada de “de repente sus miradas se cruzaron y vivieron felices para siempre”, nada de “parecía que nunca iba a pasar nada de entre ellos pero al final se dieron cuenta de que no pueden vivir el uno sin el otro y vivieron felices para siempre”. Malditas historias de princesitas de Disney, no soy la princesita en peligro que es rescatada por el príncipe al final y vivieron felices para siempre.

Un pensamiento, un trago, un pensamiento, un trago. La película ni la pelo. Me pongo a dibujar para distraerme todavía más. Un pensamiento, un trago, una vista al Netflix (ni sé de qué se trata la película), dibujo, un pensamiento, un trago, un pensamiento, una  vista al Netflix, un trago, dibujo, un trago, un pensamiento.

Veo la botella, bajita la mano ya me eché media botella. Que patética, sola y ya te echaste media botella. ¿Patética por qué? ¡Así somos las mujeres de hoy!, sabemos cómo pasarla bien estando solas, así que dale. Otro pensamiento, y me lo imagino (a él) así, nomás estando, ni siquiera me lo imagino en este momento estando igual que yo, buscándome, sólo en su casa, echándose unas chelas o un whisky, deseando lo mismo que yo. Me lo imagino con ese cuerpo y esa cara que no distingo, pero que es para mí. ¡Lo voy a encontrar! Sí, claro, encerrada en tu casa, chupando (quisiera) un viernes a las diez de la noche, sola.

Ya ni pelo el Netlix, ya ni dibujo. Ahora escucho canciones lastimeras y por fin dejo ir a la lagrimita. Me manda un mensaje mi amiga, “¿Dónde andas cabrona? ¿Por qué me dejaste?” ¡Vete a la chingada pinche vieja!

Le queda un cuarto a la botella, ahora me siento culpable por haber tomado tanto y empiezo a preocuparme porque mañana no quiero despertarme cruda. Tomo agua y me digo ya deja de flagelarte, ¡sé feliz! Estás exagerando. Sí, estoy exagerando, estoy bien, no pasa nada.

Me pongo mi pijama, me meto a la cama, ¿me masturbo? ¡ay, no que hueva! Aunque  sé que hoy lo único que me pasa es que estoy caliente. Mejor ya me duermo, pinche frío, tengo las patas heladas.

Ni siquiera pienso en mañana será otro día, simplemente me desmayo y me dejo llevar por el sueño. No, no quiero soñar, no sueño, gracias Concha y Toro.

 

Collar de perlas

En este momento estoy sentada en mi cama con la toalla de baño húmeda cubriendo mi cuerpo. Quito la toalla que absorbe el agua de mi cabello. Mi cama aún no está hecha y hoy me siento excitada. La sensación de la toalla húmeda en mis senos y mis pezones me excita. Hace calor en mi recámara, pero sé que cuando quite la toalla de mi cuerpo sentiré la frescura de ese leve aire que entra por mi ventana, así que antes de quitarme busco mi collar favorito para ponérmelo, mi largo collar de perlas.

Coloco mi collar de perlas en mi cuello y me quito la toalla. Me siento hipersensible a las caricias que hacen cada una de esas perlitas en mi pecho, que sumado al leve aire caliente que recorre mi recámara me hacen sentirme aún más excitada. Aún no quiero tocar mi cuerpo con mis manos, estoy de pie, haciendo pequeños movimientos para que mi collar vaya y venga entre mis pechos, mis manos aún las tengo quietas. Separo un poco mis piernas y mi vagina siente aquel leve aire que me acompaña, levanto las nalgas y no puedo evitar acariciar la parte interna de mis muslos y mis nalgas hasta llegar a mi vagina, mientras mi collar se separa de mi cuerpo pero acaricia mis pezones que están erectos.

Mis manos siguen recorriendo mi cuerpo, suben por mis costados hasta llegar a mis senos, los acaricio y jalo mis pezones, mis manos se enredan levemente con mi collar de perlas, que me quito del cuello.

Mi collar está entre mis manos, lo paseo por mi cuerpo, me acaricio con él, las piernas, las nalgas, lo dejo colgar entre mis senos, lo tomo entre mis manos, una delante otra detrás de mí para tenerlo entre mi sexo, pero aún no toco mi clítoris con él, acaricia mis muslos en su parte interna. Tomo mi collar con una mano, lo paseo por mis labios, aún estando de pie, pero la excitación ya es mucha, he hecho esto antes, y los orgasmos provocados por mi collar de perlas son deliciosos, así que no puedo esperar más.

Decido continuar de pie. Aunque estoy muy húmeda tomo un poco de lubricante y lo pongo en mi clítoris, sin frotar demasiado porque estoy muy excitada, pero quiero que sea mi collar el que me de un orgasmo.

Nuevamente tomo mi collar de perlas con mis dos manos, una frente a mi cuerpo, otra detrás, para que mi collar roce mi clítoris suavemente y sentir cada una de las perlas.

Separo bien mis piernas, doblo un poco las rodillas para abrirme un poco mas, y comienzo a pasear a mi collar de perlas entre mi clítoris, sintiendo cada una de esas duras esferas provocarme sensaciones cercanas a un orgasmo. Mis senos se levantan, mis pezones están erectos, no puedo acariciar mi cuerpo, mis dos manos están ocupadas haciendo ir y venir al collar entre mi clítoris. Pienso que la siguiente vez que coja contigo llevaré mi collar de perlas, para que mientras me estás metiendo tu pene yo acaricie mi clítoris con el ir y venir de mi collar, sé que tendré un orgasmo espectacular
Hago recorrer a todo lo largo el collar en mi clítoris, que se desliza suavemente, varias veces siento que me voy a venir, y mi cadera comienza a moverse hacia adelante y hacia atrás al ritmo contrario de mis manos. No puedo evitar dejar ir quejidos, quiero darme más rápido, comienzo a hacer movimientos más rápidos, adelante y atrás, con mi collar acariciando a mi clítoris, mis piernas se abren aún mas, los movimientos comienzan a acelerarse un poco más, hasta que llego a un delicioso orgasmo, es tan delicioso y tan fuerte que no puedo continuar con mis movimientos, los espasmos son muy duros.

Espero unos leves momentos, me doy cuenta de que mis piernas están cansadas, así que me acuesto en la cama. Pongo un poco más de lubricante en mi sensible clitoris, estoy muy excitada, no necesito caricias previas, llegaré pronto al siguiente orgasmo.

Con una mano delante y otra detrás, pero esta vez acostada, con las rodillas dobladas para levantar y separar bien mis piernas, comienzo con el paseo de mi collar de perlas en mi clitoris, pero esta vez lo hago ir también por el perineo y el ano, provocando mayores sensaciones placenteras, lo hago ir y venir, a veces cerrando mis piernas para apretar un poco el collar en su paseo, a veces separando bien mis piernas para dejarlo recorrer libremente.

Hago movimientos lentos para sentir cada perla, pero la excitación aumenta, aumentando el ritmo del ir y venir, clítoris, perineo, ano, abro y cierro las piernas gimiendo, muevo con rapidez mi collar y llega un nuevo orgasmo.

Collar de perlas